Autismo infantil - Síndrome de Kanner
Psicosis infantil que afecta todas las áreas de la función mental: Conducta, conocimiento y emociones, pero de forma especial se especifica en el lenguaje, en los fenómenos compulsivos y en el irregular desarrollo intelectual. Aproximadamente el 1% de la población sufre autismo, la mayoría de las veces de por vida.
El nivel de angustia que el entorno del niño autista puede alcanzar es muy grande y el Instituto I.N.S.U.M.E.D. ha considerado necesario trasladar la experiencia clínica psiquiátrica de esta alteración en centros médicos de la República Popular China al conocimiento alopático con el fin de precisar más el mapa etiológico del cuadro, de aumentar su comprensión y de acelerar la cura.
Según esto, la observación minuciosa y ordenada mediante síndromes, signos, señales y síntomas tanto dérmicos como oculares, linguales, gestuales o pulsátiles, olfativos y cardíacos, digestivos y nerviosos, supone la posibilidad de entender las causas biológicas por las que un niño es autista.
Todo ello se entiende dentro de un cuerpo doctrinal establecido por la experiencia clínica según la M.T.China. Vamos, por tanto, a catalogar los síntomas específicos que definen el autismo y los síntomas genéricos que pueden acompañar al cuadro esencial.
Las primeras descripciones del autismo en el ámbito médico datan de 1943 en que Kanner y Asperger precisaron las señales y signos esenciales del cuadro. Estos son:
1) Difícil comunicación con su entorno. Evitación de lazos afectivos.
2) Difíciles relaciones sociales. Evitación de miradas a los ojos.
3) Encierro en sí mismos. Resistencia a cambios.
4) Repertorio mínimo de intereses propios.
5) Insistente repetición de patrones de conducta de manera obsesiva. Por tanto, los fenómenos rituales y compulsivos como la afición morbosa a un objeto u otro y la práctica de actos repetitivos están presentes en la conducta autista, lo que liga este cuadro a los cuadros obsesivos.
6) Variable retraso psíquico en 4/5 partes de los afectados ¡Pero con islas de capacitación intactas! De hecho, el cociente intelectual presenta buenas respuestas a las pruebas activas, aunque sean muy pobres las verbales.
7) Inteligencia normal e incluso alta funcionalidad mental en 1/5 de los afectados.
8) Falta de adecuación de su conducta al estado en que se encuentra su interlocutor, como si el enfermo no percibiese ese estado ni, por tanto, la situación psíquica y emocional de los demás.
9) Retraso del comienzo de la fonación y trastorno del lenguaje con ecolalia y amasamiento de palabras hasta resultar un habla ininteligible, lo que lo asocia con la afasia y dislexia.
Igualmente, es notorio que a veces el niño autista expresa delirios y alucinaciones, lo que liga su enfermedad a un factor esquizofrénico.
Además del 10% al 30% presentan convulsiones, con lo que el estudio de las epilepsias desde este mismo ámbito biológico se impone para entender el personal terreno en que cada autista desarrolla su enfermedad. Finalmente, depresión mental, ansiedad severa y enuresis están presentes en unos u otros autistas formando parte tangencial pero obvia del cuadro específico. Por tanto, todas las patologías de este dossier deben ser minuciosamente comprendidas a la vez, puesto que signos de una van a poderse observar en cualquier otra.
Hasta ahora, el autismo ha sido estudiado desde un enfoque psicológico, genético, endocrino y anatomopatológico. Los partidarios de un modelo psicológico para entender el autismo achacan a una pérdida de la capacidad de reconocer las partes en cualquier juicio que el enfermo hace sobre un todo. Para otros autores los autistas carecen del poder procesador mental de informaciones complejas. Ambas observaciones son, a veces ciertas, pero no inducen posibilidad alguna de manejo del problema puesto que no aclaran las causas.
Desde luego, todo niño autista tiene un trastorno cognitivo y una relación diferente con el entorno pero no creemos que esto sea la causa sino la consecuencia de su mal.
También sin éxito han intentado los genetistas explicar el autismo tras comprobar un defecto específico en la región 11-13 del brazo largo del cromosoma 15 de algunos de los enfermos de autismo (15 q 11-13). En realidad enfermos de síndrome de Angelmann y de Prader Willi también contienen este defecto en su genética y además, lamentablemente, solo una parte pequeña de autistas han certificado esta alteración.
Durante un tiempo se creyó que se estaba a punto de entender la etiología autista al sospechar que el gen codificador de la serotonina estaba alterado en la genética de estos enfermos, lo que explicaba que algunos de ellos mostrasen tasas muy altas de este neuro-transmisor.
En otro plano de investigación se comprobó que los inhibidores de la serotonina aliviaban algunos síntomas de la enfermedad, como la autoagresividad, lo que llevó a pensar que la solución del problema mediante estas sustancias era inminente.
Los inhibidores de la serotonina en exceso actúan, en efecto, sobre el sistema tálamo-cortical que regula la vigilia, la conciencia y la atención y actúan también sobre el cortex somatosensorial que regula la percepción táctil y sobre el hipocampo (área de formación de la memoria), pero todos los esfuerzos por certificar este camino no han llegado a ningún fin porque los genes alterados en la genética del autista son no uno, ni varios, sino al menos 190 y en cada caso diferentes lo que nos hace desechar esta vía de comprensión del autismo al mantener intacta la gran pregunta: ¿Por qué y cómo se altera la genética del autista? Y a la vez, ¿cómo una genética alterada acaba produciendo autismo?
La anatomía patológica aporta, a su vez, certidumbres sobre alteraciones tisulares en el sistema límbico, en el cerebelo, en neocórtex y en el tronco del encéfalo que además parecen algo más pequeños en los enfermos autistas que por otro lado parecen hipertrofiar el encéfalo.
Sin embargo, estas alteraciones, imprecisas y llenas de contradicciones todavía, no evitan la radicalidad de la última y definitiva cuestión. ¿En que terreno biológico se constituye el autismo?.
AUTISMO Y MEDICINA BIOLÓGICA
Debemos reconocer que este fascinante cuadro de nueve planos patógenos mentales que como hemos visto definen aproximadamente el síndrome de autismo componen un motivo de reflexión médica formidable más allá de lo que las interpretaciones psicológicas al uso y las certidumbres genéticas o neurológicas nos aportan para su comprensión, puesto que tras conocer éstas, el problema del autismo sigue presentándose frente a nosotros intacto, íntegro, perfectamente insondable a cualquier acto médico conocido.
No obstante, ante este fracaso lacerante de la psiquiatría oficial debemos presentar lo mejor posible el conocimiento adquirido sobre esta alteración del desarrollo en medicina experimental, precisamente para poder traducir los datos de la fisiopatología al cuadro biológico en el que la Medicina Tradicional China determina el autismo.
Para nosotros es obvio que la sutilísima alteración biológica que el organismo constituye en el niño autista es la razón única de la psicosis en que finalmente vive y la comprensión de esta alteración biológica y su tratamiento debería inducir cura inmediata.
No hace falta, por tanto, insistir en la importancia de este estudio.
Analizaremos en primer lugar el consenso alcanzado en hospitales de Shandong (China) sobre la vía metabólica central, alterada, que es la esencia misma del autismo y añadiremos para su mayor definición las tres vías metabólicas alteradas del cuadro esquizoide y del cuadro obsesivo cuyos síntomas también son obvios en el autismo, para encontrar el nexo de unión biológico que precisa y define a los tres síndromes ligados entre sí.
El autismo expresa ante todo una desarmonía en el desarrollo biológico del niño. La alteración observada y consensuada en la clínica psiquiátrica en China es la que radica en que la vesícula biliar ejerce un agobio sobre estómago al que induce una irritación mucosa, hiperproducción mucosa subsiguiente y a una acción metabólica, enzimática que asciende y atenta contra el equilibrio emocional, en forma de sintomatología autista.
Por tanto: 1.- Desarmonía de Vesícula Biliar-Estómago con 2.-Mucosidad-Calor en Estómago y 3.-subida de Energía (Qi) al Espacio del Espíritu que se agita .
Ahora bien, ¿cómo evaluar este proceso? Cualquier simplificación de la definición de este terreno implica una trivialización que anula su efecto. Tratamos pues de describirlo al detalle:
Imaginemos una acción autoinmune sobre el epitelio mucoso de la vesícula biliar que induce una hiperproducción de mucina (secreción principal de la vesícula).
Imaginemos una irritación autoinmune idéntica, ligada a ella pero en la mucosa gástrica y sobre determinadas células productoras de bicarbonato, polipéptido central productor de treonina, prolina, valina y oligoproteína.
Imaginemos finalmente que en una situación de agitación metabólica como la que acabamos de definir se establece un ascenso enzimático, bioquímico, determinado por vía hemática hasta el cerebro. La agitación que pueda producir es exactamente el AUTISMO.
Por tanto, debemos formular fitoterapia para:
1) Clarificar el Calor Tóxico (de naturaleza autoinmune).
2) Trasformar y diluir las mucosidades en vesícula biliar y estómago. ( Mucosidades-Calor y desarmonía entre Vesícula Biliar y Estómago).
3) Desbloquear el Qi a partir de lo cual se eleva el “ Qi contracorriente ”.
4) Vacío digestivo-absortivo de líquido con formación de edema.
Comentario
La situación clínica real es que el niño autista debe expresar en primer lugar síntomas de mucosidades y flemas en Calor en sus expectoraciones abundantes, en sus fáciles vómitos con mucosidades obvias, y en ciertas patologías que cursan con mucosidades en Calor como bronquitis crónica, irritación gástrica, vértigos y signos como lengua roja con capa saburral amarilla y pulso rápido.
Se trata de una situación muy propia para desarrollar neurosis de diferentes naturalezas o incluso un tipo de síndrome de Méniere se genera así.
Ahora bien, este eje metabólico ( Mucosidades-Calor y desarmonía entre Vesícula Biliar y Estomago ) se asocia con otro constituido por cierta debilidad metabólica de los líquidos en digestivo ( Vacío de Bazo y Humedad subsiguiente y por una tendencia a ascender un material enzimático hacia cerebro lo que explica los vértigos, las neurosis, el cuadro esquizoide que siempre acompaña al conjunto sintomático básico del autismo.
Esto es el terreno biológico sobre el que el autismo se establece y su corrección son, por tanto, vitales.
Ahora bien, ¿cuál es el problema diagnóstico esencial? Pues que el autismo puro no existe puesto que todo autista es en alguna medida un esquizoide, un hiperactivo y un obsesivo. Y no solo esto sino que en el mismo cuadro es, con frecuencia, epiléptico o afásico o enurético o nada de todo esto.
Debemos pues entender con precisión cada cuadro puesto que los síntomas esquizoides pueden solapar los autistas, los obsesivos pueden esconder los hiperactivos y toda la madeja de signos y síntomas ocultarse entre si y malograr la decisión fitoterápica final.
En todo caso proponemos aquí el preparado específico que para el autismo hemos consensuado en asamblea médica clínica en SHAN DONG, probado en miles de niños autistas en China. COMPOSICIÓN BASE-45: Regaliz, Gengibre, Eucaliptus, Melisa, Fucus, Borraja y Naranjo Amargo.
Por tanto, a continuación vamos a definir el Síndrome de Hiperactividad pero no como una lección psiquiátrica diferente sino como una continuación del estudio del autismo en que cada enfermo en diferente medida se integra y completa.
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